touretteextraño síndrome que impide que me calle... |
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qué barata te vendesNunca había ido a las concentraciones del Partido. Tampoco era obligatorio. Anoche volvió a soñarlo otra vez. Cuando ya llevaba un buen rato disfrutando de su ensaladilla, movía un trozo de patata y allí estaba, de nuevo retorciéndose bajo su tenedor, el escorpión. Un escorpión enorme, negro y amenazador. Aquella mañana, el delegado volvió a pasearse por entre las filas paralelas de escritorios, dejando en cada uno, cuidadosamente cuadrado con el borde superior derecho, el folleto semanal del partido. El jefe de Sistemas llevaba dos días de baja por un esguince durante una excursión del Partido, y su mesa quedaba en la esquina junto a la puerta. Al salir para ir al servicio, cogió disimuladamente las hojas grapadas, las apretó contra su muslo en el lado contrario a la cámara de seguridad, y entró en el lavabo. Libertad y Patria, leyó. Libertad, qué barata te vendes - pensó. Aquel pensamiento, realizado con una voz que no era la suya, una voz mucho más amarga, como la de esos viejos borrachos que desayunaban licor en la cantina de la estación de ferrocarriles, le estremeció. Y lo apartó angustiado, como quien aparta un insecto de un instrumento de precisión. Libertad y Patria. En la portada, la ejecución pública de varios terroristas, y un artículo sobre la erradicación de la homosexualidad en las escuelas primarias. Raúl no estaba seguro de haber conocido nunca a un homosexual. Siempre había atendido a los rumores y los cotilleos sobre otros, y se había preguntado con insistencia si no correrían los mismos bulos acerca de él. Pero nunca le había dado mayor importancia al tema. Al fin y al cabo, él tenía a Marta, y con eso siempre había bastado. Nervioso, dejó el panfleto abandonado junto al retrete, y volvió deprisa a la oficina. Quedaba poco tiempo para la hora de la comida. Regresó a casa tarde, y encontró a Marta ya dormida. En silencio, se desvistió y se metió a su lado en la cama. Pronto estuvo dormido.
Despertó sobresaltado. Palpó a su izquierda, y Marta ya no estaba. Inquieto, se puso los pantalones y se dirigió hacia la cocina. Todos se sorprendieron al ver a Raúl en una de las concentraciones. Y en la siguiente excursión del Grupo Local. Más aún, a nadie le dejó indiferente el hecho de que Raúl se hubiera convertido en el militante más entusiasta. Mientras tanto, Raúl, alegremente vestido con sus pantalones cortos y su corbatín, sonreía con desprecio y estiraba el brazo más que nadie al entonar el himno. Comentarios » Ir a formulario
Gracias por la visita. Cuidate ese síndrome de tourette, que a demás de no callarte, también tendrás tics más comprometidos xD
Saludos Fecha: 09/08/2006 01:05. |
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