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tourette

qué barata te vendes

Nunca había ido a las concentraciones del Partido. Tampoco era obligatorio.
Los discursos le aburrían sobremanera, y, en cualquier caso, casi todos los compañeros de la oficina y algún vecino acudían, así que no hubiera podido conocer a nadie nuevo.
Además, él ya conocía a todas las personas que hubiera podido querer conocer. Tenía unos pocos amigos leales, distribuídos entre la oficina y los recuerdos de la Universidad. Y la tenía a ella; a Marta.

Anoche volvió a soñarlo otra vez. Cuando ya llevaba un buen rato disfrutando de su ensaladilla, movía un trozo de patata y allí estaba, de nuevo retorciéndose bajo su tenedor, el escorpión. Un escorpión enorme, negro y amenazador.
Y así había sido cada noche desde hacía una semana.

Aquella mañana, el delegado volvió a pasearse por entre las filas paralelas de escritorios, dejando en cada uno, cuidadosamente cuadrado con el borde superior derecho, el folleto semanal del partido.
En todos, menos en el suyo y en el del asesor contable, detalle que no pasó desapercibido a nadie en la planta.

El jefe de Sistemas llevaba dos días de baja por un esguince durante una excursión del Partido, y su mesa quedaba en la esquina junto a la puerta. Al salir para ir al servicio, cogió disimuladamente las hojas grapadas, las apretó contra su muslo en el lado contrario a la cámara de seguridad, y entró en el lavabo.

Libertad y Patria, leyó.

Libertad, qué barata te vendes - pensó.

Aquel pensamiento, realizado con una voz que no era la suya, una voz mucho más amarga, como la de esos viejos borrachos que desayunaban licor en la cantina de la estación de ferrocarriles, le estremeció. Y lo apartó angustiado, como quien aparta un insecto de un instrumento de precisión.

Libertad y Patria. En la portada, la ejecución pública de varios terroristas, y un artículo sobre la erradicación de la homosexualidad en las escuelas primarias.

Raúl no estaba seguro de haber conocido nunca a un homosexual. Siempre había atendido a los rumores y los cotilleos sobre otros, y se había preguntado con insistencia si no correrían los mismos bulos acerca de él. Pero nunca le había dado mayor importancia al tema. Al fin y al cabo, él tenía a Marta, y con eso siempre había bastado.

Nervioso, dejó el panfleto abandonado junto al retrete, y volvió deprisa a la oficina. Quedaba poco tiempo para la hora de la comida.

Regresó a casa tarde, y encontró a Marta ya dormida. En silencio, se desvistió y se metió a su lado en la cama. Pronto estuvo dormido.


Otra vez, el mismo sueño. De nuevo, Marta le tendía el tenedor y le miraba sonriendo desde sus ojos verdes. El iba comiendo, pero ya no lo hacía despreocupado, como antes, sino que cada vez que revolvía en el plato lo hacía con un nudo en el estómago, preguntándose cuándo vería asomar las patas negras como garras, las pinzas, el aguijón, el asqueroso aguijón lleno de veneno y brillante como si estuviera recubierto de sudor. Y el nudo iba apretándose cada vez más en sus entrañas...

Despertó sobresaltado. Palpó a su izquierda, y Marta ya no estaba. Inquieto, se puso los pantalones y se dirigió hacia la cocina.
Y allí estaba Marta, removiendo con el tenedor un cuenco lleno de escorpiones.

Todos se sorprendieron al ver a Raúl en una de las concentraciones. Y en la siguiente excursión del Grupo Local. Más aún, a nadie le dejó indiferente el hecho de que Raúl se hubiera convertido en el militante más entusiasta.

Mientras tanto, Raúl, alegremente vestido con sus pantalones cortos y su corbatín, sonreía con desprecio y estiraba el brazo más que nadie al entonar el himno.
Y lo hacía pensando: no merecéis nada mejor.

1 comentario

El Replicante -

Gracias por la visita. Cuidate ese síndrome de tourette, que a demás de no callarte, también tendrás tics más comprometidos xD

Saludos